Cada colección empieza con una caja de cartón llena de muestras. Para este otoño–invierno nos llegaron más de doscientas, de cuatro hilaturas de Portugal, Biella y Escocia. Al final elegimos tres paños. Te contamos cómo.

Primero, el tacto
Antes de mirar el color, tocamos. Un buen paño de abrigo tiene que ser seco al tacto, con cuerpo, y volver a su sitio cuando lo arrugas en la mano. Si se queda marcado, se descarta.
Después, el peso
Para un abrigo que se lleve en Madrid buscamos entre 550 y 650 gramos por metro. Por debajo, el abrigo no corta el viento; por encima, pesa en los hombros al final del día. El paño del abrigo Recoletos pesa 620 g/m².
La cachemira, en su justa medida
Un 10 o 20 % de cachemira mezclada con lana virgen da suavidad sin perder resistencia. Los abrigos de cachemira pura son preciosos, pero hacen bolitas y se desgastan en los puños en dos inviernos.
Las pruebas
Con los tres finalistas encargamos un metro de cada uno y hacemos una prenda de prueba en el taller de Barcelos. La lavamos en seco tres veces, la frotamos contra una mochila durante una semana y la llevamos en el metro. El paño ganador del Almirante fue el único que volvió sin bolitas en los costados.

Y el color
Lo último. Elegimos los colores con las prendas de prueba puestas, a la luz de la calle Almirante a las cinco de la tarde, que es como se van a ver de verdad.

